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Patty no había regresado a casa de Frank, su novio, desde hacía tres días; inconscientemente lo estaba evadiendo y eso la hacía sentir mal. Como en la canción Decisiones de Rubén Blades, tenía que tomar “...decisiones... a ver si la regla viene”.
Patty no había regresado a casa de Frank, su novio, desde hacía tres días; inconscientemente lo estaba evadiendo y eso la hacía sentir mal. Como en la canción Decisiones de Rubén Blades, tenía que tomar “...decisiones... a ver si la regla viene”.
No tuvo otra alternativa que enfrentarlo, pero el joven no quería charlar, ya había probado el néctar de su pasión y quería otra experiencia. Ella no pensaba igual y por eso se disgustaron. El, con ironía, le pidió que lo acompañara a hacer un apunte en el chance de la lotería.
-De malas en el amor... de buenas en el juego- le había dicho.
El siguiente es el informe de las autoridades del tránsito respecto al accidente:
Los hechos ocurrieron en la carrera 18 entre las calles 6 y 7. La circulación por dicha carrera es de oriente a occidente y quedaron involucrados los siguientes vehículos: un carro repartidor de gaseosas estacionado frente a la casa marcada con el número 6-13. Detrás de este carro estaba el taxi con placas 75750 esperando que desocuparan el segundo carril para continuar su recorrido; lo ocupaban el conductor y dos pasajeros en el asiento posterior, un hombre y una mujer. Al lado izquierdo del taxi nombrado, se detuvo un bus urbano con placas 22150 para recoger a una chica que pasó por el frente del taxi. Ante la súbita detención del bus, otro taxi con placas 75613 que venía detrás, le sacó el zigzag a éste
para continuar por el carril de la izquierda y no chocar contra el bus. En ese preciso momento, un joven atraviesa la calzada en pos de alcanzar a la chica que subía al bus. El taxi 75613 golpea con la parte delantera al joven y lo lanza a dos metros sobre el vidrio trasero del taxi 75750.
Un agente de la policía, que en ese momento tomaba un tinto parado en la acera, se acercó al joven y constató que tenía signos vitales, pero el cuerpo yacía inerte sobre el vehículo. Del mismo carro salieron los dos pasajeros que iban detrás, con heridas en los brazos y el rostro, causadas por los vidrios rotos. El agente llamó por radio y pocos minutos después una ambulancia recogió a los heridos y los trasladó a la clínica más cercana.
Como testigo de los hechos se cita al agente de la policía presente, a la novia del chico que presenció todo desde el estribo del bus, a la vendedora del chance a quien el chico ordenó un número, no pagó pero se llevó el vuelto de un billete por salir corriendo detrás de la novia, tres pasajeros del bus que iban en las ventanillas y el vendedor de tintos a quien el agente tampoco le pagó.
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En cuanto a los daños materiales ocurridos a los vehículos, tenemos que el taxi 75613 presenta la farola delantera derecha rota y abolladura en el capó del mismo lado. El taxi 75750 presenta rotura del vidrio trasero, abolladura en la tapa del baúl y cortes en la tapicería del asiento trasero.
En la clínica, el médico auscultó al joven atropellado minuciosamente y se asombró de no encontrarle ni un rasguño, ni hematoma, ni nada que indicara que el paciente hubiera sufrido el aparatoso accidente que comentaran los paramédicos de la ambulancia. Muy extrañado, dejó constancia en la historia clínica de los síntomas encontrados: presión sanguínea y ritmo cardíaco normales, respiración y temperatura del cuerpo normales, dilatación normal de las pupilas. Pero que no respondía a ningún estímulo externo ni contestaba a las preguntas que se le hacían. No manifestaba dolor alguno al levantarle los miembros superiores o inferiores. El paciente parecía estar en el más plácido de los sueños.
El médico salió para dar parte a los familiares del joven accidentado.
El médico salió para dar parte a los familiares del joven accidentado.
-Señores, el paciente pasó a una sala de observación. Aparentemente no presenta ningún traumatismo y los primeros exámenes no dicen nada al respecto. Parece como si estuviera profundamente dormido. Esperaremos unas doce horas más para ver que evolución tiene.
La familia del joven no disponía de recursos económicos y debía afrontar algunos gastos adicionales que no cubría el seguro social, como por ejemplo, el acompañante y algunos exámenes extras y empezaron a afrontar una situación difícil. Razón por la cual consultaron con el abogado sobre la posibilidad de obligar a la vendedora de chance a entregar los apuntes de la apuesta, que salieron favorecidos con una suma bastante considerable.
De manera que padre y abogado se encaminaron al puesto de venta de la señora para ver si la “sacudían” un poco. La señora aducía que ella había cancelado las apuestas con su propio dinero y que, además, el joven se llevó tres mil pesos vueltos de un billete de cinco mil que nunca entregó y que ella bien pudo romper los papelitos, pero que le pareció tan bonito el número que se lo quedó, apunte que coincidía con los números de la placa del taxi que atropelló al muchacho, así como a la placa de la casa (6-13) frente a la cual ocurrió el accidente el día viernes 13 de junio (6-13).
El padre del joven alegaba a su vez, que la vendedora estaba en al obligación de entregar los apuntes o tiquetes. Que su hijo venía haciendo esa apuesta desde hacia varios sorteos, como lo demostraban los apuntes viejos que guardaba en su cartera. Además, la novia era testigo de que el joven había hecho la apuesta y que él nunca tuvo la intención de “tumbarse” el vuelto o de no pagar. La vendedora respondió que esos apuntes eran pagaderos al portador y que era ella quien los tenía en su poder.
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El abogado de la familia del atropellado, que no había podido sacarle nada a ninguno de los taxistas ni al conductor del bus, vio la oportunidad de ganar una con la vendedora, a quien dijo que era mejor que entregara los apuntes y se evitara el lío de una demanda y que, además, la acusarían de homicidio imprudencial, porque fue ella la que dijo al joven que su novia se había ido, que si ella no abre su boca nunca hubiera ocurrido el accidente. La vendedora contestó que entonces buscaría también un abogado y que al día siguiente cobraría el premio. El abogado replicó que defender un pleito que tenía perdido le costaría dinero, que era mejor que considerara un acuerdo.
De regreso, el abogado comentó al padre del joven que ese pleito no tenía ningún futuro, que esperaran para ver si la señora se tragaba el anzuelo y compartía el premio.
De regreso, el abogado comentó al padre del joven que ese pleito no tenía ningún futuro, que esperaran para ver si la señora se tragaba el anzuelo y compartía el premio.
En la clínica, el doctor Pascual mostraba cara de decepción, pues no había podido convencer a sus colegas de lo interesante del caso del joven accidentado, es más, le habían dado a entender que se estaba involucrando en una situación extra médica con ese caso.
Se había reunido el médico con el director de la clínica, el traumatólogo y el internista, médicos que en su momento atendieron al accidentado. Le recordaron que el paciente llevaba 72 horas en observación sin que mostrara algún síntoma de inquietud. Que todos los análisis y exámenes requeridos se le habían practicado, sin encontrarle algo anormal. Por su parte, el director le aclaró lo concerniente al aspecto económico. Decía que bajo esas circunstancias, había que trasladar al paciente a una sala de reposo, o si se podía, a su casa. Estaban en esa cuando fueron interrumpidos por una enfermera que llamaba insistentemente al doctor Pascual.
-¡Que sucede señorita! ¿Qué manera es esa de interrumpirnos?- se quejaba el doctor cerrando la puerta de la oficina, después de disculparse con sus colegas.
-¡Venga rápido doctor! Al cuarto del joven accidentado, acaba de levantar el miembro- explicaba la enfermera al médico, al que jalaba del brazo por el pasillo.
-¿Un miembro superior o inferior?- preguntó el doctor.
-No, doctor. El del medio.
El médico casi hace caer a la enfermera cuando se detuvo en seco, llegando ya a la puerta del cuarto del paciente accidentado.
-¡Señorita...!
-déjese de cosa doctor ¿no comprende lo interesante del asunto?
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Entraron al cuarto y el médico observó que sí, la sábana parecía tolda de circo, o toldo de gitano, como también se dice. Se acercó a la cabecera de la cama, levantó la sábana y comprobó que el joven había tenido una reacción positiva… ¡y de qué manera! Examinó al paciente estableciendo que, fuera de esa reacción, no presentaba ningún otro adelanto. Todo seguía igual. Llamó a su lado a la enfermera y le preguntó si tenía idea de lo ocurrido.
-Bueno, no sé doctor. Hoy llegué un poco tarde porque estaba en una reunión en el colegio de mi hija y el vestier estaba ocupado, así que vine aquí y me cambié. Cuando volteé ya estaba así.
-Muy bien- aceptó el médico- con ese trasero suyo cualquier cosa puede suceder, le recomiendo no hacer eso en la morgue porque nos meterá en problemas.
El día de visitas, Arturo llegó a la clínica para enterarse del estado de salud de su primo y quedó muy preocupado al saber lo que pasaba. Pensativo salió del cuarto y comentó a su padre sobre un incidente ocurrido en su alcoba una noche en que su primo se quedó a dormir en su casa cuando eran unos mozalbetes y que por temor a un regaño no lo comentaron a nadie. Explicaba Arturo a su padre que Frank, su primo accidentado, esa noche le confesó que él practicaba unos estudios que le permitirían ir a otro lugar sin moverse de donde estaba, una proyección astral, decía él. Me pedía que le tocara con una mano en la carótida y con la otra le agarrara el dedo índice, así nos comunicaríamos cuando él estuviera lejos.
El se concentró y su cuerpo quedó inmóvil. Después de varios minutos a mí me dio miedo y lo jalé tan fuerte por el dedo que lo hice sentar en la cama. Un rato después abrió los ojos, le pregunté qué le pasaba y me dijo que nada, que se sentía extraño. Pero de pronto corrió al baño e intentó vomitar sin conseguirlo, lo que sí logró fue un fuerte dolor de cabeza toda la noche. No dijimos nada de eso y nunca más lo mencionamos entre nosotros. Hoy que lo he visto así, creo que está como la otra vez y por eso te lo cuento.
-Camina y se lo contamos al médico- dijo el padre de Arturo.
El doctor escuchó atentamente el relato del joven que repitió exactamente lo que le contó a su padre.
-Ya sospechaba yo que el caso de este joven encerraba algo fuera de lo común- comentó el doctor.
El médico preguntó a Arturo si quería intentar la prueba, al fin y al cabo nada se perdería. Entraron al cuarto del paciente en donde se encontraban los papás de éste, la novia de Frank y su madre y la enfermera del incidente anterior. Era la hora de las visitas. El médico explicó a los presente la experiencia que llevarían a cabo con el paciente. Todos se miraron extrañados.
5
-Silencio por favor- pidió el médico- Adelante Arturo.
El joven se sentó al lado de su primo en el borde de la cama, del lado izquierdo de éste. Le colocó los dedos índice y medio de su mano derecha sobre el cuello, debajo de la mandíbula y cerca de la oreja.
Tanteó un poco hasta que encontró la arteria. Luego tomó el índice derecho del paciente con su puño izquierdo.
-Frank, soy yo, Arturo, tu primo... ¿Frank, me escuchas?
-Hola primo... gracias a Dios... se te ocurrió... esta idea... ayúdame... que estoy muy débil... y tengo miedo.
Continuó hablando Arturo, por lo que el médico lo interrumpió.
-Oiga Arturo, pero está hablando usted y su voz suena igual, no como médium, además, nosotros no escuchamos nada.
-No, doctor. Esto no funciona así. Esto no es espiritismo- aclaraba Arturo- yo lo escucho pero no sé explicarlo. No sé si escucho por los oídos o por el tacto, de verdad no lo sé, pero lo escucho. Yo hablo para que ustedes sepan lo que él me comunica ¿Puedo continuar?
-No, doctor. Esto no funciona así. Esto no es espiritismo- aclaraba Arturo- yo lo escucho pero no sé explicarlo. No sé si escucho por los oídos o por el tacto, de verdad no lo sé, pero lo escucho. Yo hablo para que ustedes sepan lo que él me comunica ¿Puedo continuar?
-Sí, sí. Contestaron todos llenos de curiosidad.
-Frank, todos estamos preocupados por ti, dime ¿cómo puedo ayudarte a regresar?
-Primo, siga así... yo estoy muy débil... y me cuesta mucho esfuerzo... comunicarme contigo... sólo la enfermera de gafitas... y tú... pueden ayudarme... tú como canal de comunicación... y la enfermera... porque con ella tuve... mi primer intento de regreso... pero se asustó y huyó... a los dos puedo ver y oír... a los otros no.
-Está bien Frank, te vamos a ayudar. Dinos cómo.
-La enfermera... debe acariciarme... hasta que tenga una erección... luego continuar... y en la primera eyaculación... jalármela con fuerza... eso es todo.
-¡Ah no, eso sí que no! Conmigo que no cuente, que yo no estoy aquí para eso- dijo la enfermera de gafitas dando media vuelta y saliendo del cuarto.
Detrás de ella salió el médico quien la alcanzó en el pasillo, la agarró del brazo y le dijo:
-¡Espere señorita, espere un momento! No se ofusque ¿No fue usted la que dijo que este era un caso muy interesante? Tómelo como si fuera una terapia.
-¿Terapia? No, doctor. Este tipo se está haciendo el pendejo.
-¡No, no! Comprenda ¿Cómo podría un tipo en su estado, actuar con morbosidad después de casi 96 horas de estar así? ¡Inténtelo!
6
Después de ese argumento y otros más, la enfermera, a regañadientes y presionada por el doctor, aceptó regresar al cuarto.
-¡Si, como no! ¡Yo no voy a permitir eso!- dijo la novia de Frank cuando vio entrar a la enfermera de nuevo –por qué no me pide eso a mí ¡ah!
-¡Patty, cálmate! Este no es momento de salir con melindrerías- dijo la madre de Frank.
-¿Melindrerías llama usted a eso? Por qué no se lo pidió a usted sino a la 90.60 revienta esa ¡ah!
-¡Porque yo soy la mamá, carajo!
-Ella tiene razón, Patty- Intervino la mamá de la novia.
-Pero mami, si yo soy la indicada- rezongó Patty.
-Bueno sí, pero si él no te ve ni te oye. Por algo será; ese cuento de los mareos tuyos, dizques causados por cansancio de tanto digitalizar en el computador de él, no te lo crees ni tú misma- murmuró al oído de Patty su mamá.
El médico hizo salir a todos del cuarto. Cuando los tres quedaron a solas con el paciente, la enfermera les dijo que no voltearan para donde ella estaba. Así lo acordaron y ella puso manos a la obra, es decir, inició la terapia.
En el cuarto todo era silencio. Sólo se escuchaba la respiración jadeante de la enfermera en pleno proceso terapéutico. Un par de minutos más tarde se escuchó un fuerte grito ¡Ay! Y el médico y Arturo vieron estupefactos como Frank se sentaba en la cama y jalaba la sábana para taparse.
La enfermera tomó una toalla, se tapó la cabeza con ella y salió del cuarto, caminando inclinada para que no le vieran la cara. En vista de eso, todos los que esperaban afuera se precipitaron al cuarto para saber qué ocurrió.
Frank ya estaba lúcido y empezó a saludar a todos y a preguntar para ponerse al día. El médico, después de evaluarlo, salió a redactar su informe y ordenar la salida del paciente.
Una hora después todos esperaban afuera, Patty aprovechó y se quedó a solas con su recién resucitado novio.
-Eso no te lo voy a perdonar, Frank. Si ella te trajo de vueltas a este mundo con ese tirón, tan pronto yo tenga oportunidad te daré uno tan fuerte que te voy a sacar de tu cuerpo ¡Te lo juro! ¡No te duermas!
FIN
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